:: ELLOS ESCRIBIERON ::
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“Durante mucho tiempo, los topónimos Galicia y Ourense fueron sinónimos para mí. Con ellos aludía a ese territorio mágico de la infancia donde se hallaban mis raíces y donde pasaba lo mejor de mi tiempo.
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“Ourense no es sólo una provincia. Orense es algo que te sucede. Te suceden sus calles y sus rincones. Te sucede su gente, amable por naturaleza.
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"La madre naturaleza, esa gran meiga, nos sorprendía en cada una de las estaciones del año cambiándose de ropa y de peinado para dejarnos jugar entre los pliegues de su ropa y sus cabellos de hojas, mientras nuestras madres lavaban en el río y tendían la ropa al sol, sobre un manto verde que acariciaba el río Arnoia.
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"Me crié en Ermua, Vizcaya, hasta los 19 años, un pueblo que recibió a miles de familias de Allariz; me crié pues con acentos ourensanos, esos potes gallegos que amo y una fascinación por las historias de las vacaciones de mis amigos cuando en septiembre regresaban de Allariz.
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"No se me asusten, no voy a hacer uso del tópico: "onde o mundo se chama Celanova". No, sin que ello quiera decir que voy a obviar sus vínculos literarios: Celanova me cautivó por eso, por ser la cuna de Curros, Celso Emilio o Ferrín; por su poesía y por su hospitalidad, y por esa Praza Maior, "donde da la vuelta el aire" y acaricia la fachada del Monasterio de San Salvador.
Ante su monumentalidad es fácil imaginar cual fue su importancia e influencia in "illo tempore", cuando Celanova era, además un lugar en el mundo, San Rosendo y su poder gobernante.
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"Al llegar allí, la naturaleza se desborda en desordenados saltos hacia las alturas y surgen, como milagros sobrenaturales, montes y sierras con nombres tan hermosos como Quinxo o cumbres como Nevosa o Pico de Fontel. El pasado verano, a lo largo de diez días intensos, recorrí en coche, a caballo y a pie toda la zona. A un recodo sucedía otro más hermoso y de pronto unos repechos llanos en donde se asientan pueblos entrañables como Entrimo, Lobios o Muíños con sus iglesias barrocas, neoclásicas o churriguerescas " |
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"Dudo si podré glosar Ourense en media página. Todavía dudo de si podría gozar Ourense en media vida. Pero, siendo gallego, "un cruceiro en el camino, me enseñó que mi destino era dudar y dudar..."
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"Océano Ourense
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"Mi pasión por el vino me lleva habitualmente por la senda de viñedos y riberas. Es entre las vides y las bodegas donde encuentro con más facilidad ese sosiego que tanto uno busca y pocas veces encuentra. Una de las sensaciones más especiales la he tenido en la comarca orensana de Ribadavia, en la tierra de los emergentes vinos del Ribeiro.
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"El Nueva York de La Mancha", según Azorín, era Albacete. Por la Casa de Legorburu, me imagino, edificio racionalista de seis pisos, con comercio de ferretería en los bajos y el primer ascensor de la ciudad, al que, por cierto, subió mi abuelo Julio una única vez sin que le quedaran ganas de repetir experiencia: "Nunca me ha gustado a mí el "ascensorio", dijo durante años recordando el hecho, mientras meneaba negativamente la cabeza.
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"De repente aparece en el paisaje, como aparece en tu vida. Cuando Castilla, llana, quiere dejar de serlo, se abre a Ourense atravesando Las Portillas. Cuando Galicia se ofrece al resto de España nos dice adiós desde Ourense.
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"Hay un detalle de mi biografía que me vincula a Ourense y que hasta ahora ha permanecido inédito: en Ourense conocí las frías estancias de un calabozo.
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"¡Vuelvo a Ourense! ¿Cuántos años hace que no vuelvo a Ourense?
¡Cuántos años sin poder contemplar con la mirada emocionada las viñas recién vendimiadas, los colores pálidos, "os socalcos" desiertos; los viñedos generosos ya han regalado los colores y la alegría al primer vino que viajó fuera de España, el Ribeiro!.
¡Vuelvo a Ourense!. Aquí todo transmite amistad y calidez, hospitalidad y orgullo de ser ourensanos; gente habituada a irse lejos, pero para volver. Gente que acoge al extranjero como mirándose al espejo, dedicándole evangélicamente la atención que le hubiera gustado que les dedicasen a ellos cuando estaban fuera de su tierra, tierra que se lleva siempre consigo sin ostentación, ni soberbia.
¡Vuelvo a Ourense, al perfume de las castañas en los magostos que se mezcla con el de la tierra buena, bañada por la lluvia y se confunde con el perfume estimulante de "as pulpeiras" que, en las calles y plazas de los pueblos, tientan a los paladares de los transeúntes de domingo con suculentos trozos de pulpo.
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Mapa provincial





El valle del Arnoia, entre Maceda, Baños de Molgas y Allariz.
Allariz es también mi pueblo
Celanova, un lugar en el mundo.
Baixa Limia, Serra do Xurés

Las verdes tierras del Ribeiro
Rascacielos y Palacios
Orense entre rejas.
El calor de Ourense






