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:: ELLOS ESCRIBIERON ::

Pepa Fernández Vallés (Periodista)

“Durante mucho tiempo, los topónimos Galicia y Ourense fueron sinónimos para mí. Con ellos aludía a ese territorio mágico de la infancia donde se hallaban mis raíces y donde pasaba lo mejor de mi tiempo.

Galicia-Ourense era una meta, un regalo, un privilegio y una recompensa. Mis abuelos, Agustina y Francisco vivían en A Loña. Desde allí subíamos a Oira, donde el agua fría del río resultaba una bendición en el siempre cálido verano ourensano. Había tantas cosas en Ourense que me resultaban fascinantes: unas fuentes enigmáticas de las que brotaba agua hirviendo, un Cristo inquietante al que le crecía el pelo, un puente majestuoso que había sobrevivido al paso de los siglos, ese río imponente que cruzaba en silencio la ciudad... y la piedra.

La piedra ourensana tiene un color, un tacto y una energía muy singulares. Las tonalidades de las calles, las plazas, los edificios o las fuentes se transforman con las distintas luces del día. Es la representación simbólica de lo que cambia sin alterarse, de lo que, a pesar de los años nos resulta siempre nuevo.

Pero, curiosamente , mi fascinación por Ourense se mantiene intacta y continúo considerando un regalo caminar por sus calles, sentarme en el Parque de San Lázaro, visitar la Catedral, contemplar el Miño, el baño en sus aguas termales...

Con los años, he descubierto que Galicia es mucho más que Ourense, pero para mí Ourense sigue siendo un mundo entero. "

Ana Milán (Actriz)

“Ourense no es sólo una provincia. Orense es algo que te sucede. Te suceden sus calles y sus rincones. Te sucede su gente, amable por naturaleza.

Paisajes que te envuelven sin tú darte cuenta.

Rincones que te hacen creer, imaginar, sentir y en los que el tiempo toma otra dimensión, otro estado, otro sentido, otro tempo...

La primera vez que fui a esta tierra tuve la sensación de no perdonarme el no haber ido antes; tener a cuatro horas ese paraíso y no conocerlo era casi, o sin casi, un pecado. Un pecado para los sentidos, para el relax, para el paladar...

En mis primeros cuatro días, el parador de Santo Estevo me dejó sin palabras, por su grandeza, por poder descansar en un sitio lleno de historia, lleno de magia, lleno de comodidad y buen gusto, un sitio que no se parece a nada y al que muchos querrían parecerse.

Desde esa fortaleza que es Santo Estevo comencé a descubrir pequeños rincones que parecían estar esperando ser descubiertos.

San Pedro de Rocas y esa pequeña fuente repleta de sonidos que invitan al silencio, porque cuando se está rodeado de tanta belleza poco hay que añadir.

En un magnífico paseo por los Cañones del Sil me impregné, gracias al mejor de los guías que uno pueda soñar, de leyendas, de viñedos romanos, de historias que sin tener ese paisaje delante es difícil volver a contar; me descubrí imaginando formas que sólo existían para mí y en ese preciso instante. Formas dibujadas en sus piedras que me hicieron sentir pequeña y humilde, agradecida por poder decir que alguna vez, yo estuve allí...

El Mirador de Cabezoás te deja ver la grandeza del Río Sil y sus cañones desde otra perspectiva, como si quisiera demostrarte que lo que has visto, no ha sido un sueño; que existe y que puedes volver cuando quieras.

Santa Cristina es un parque temático para la imaginación, un sitio a colonizar si tuviéramos el valor suficiente de conquistar aquellos lugares en los que viviríamos si pudiéramos; el guía que me mostraba Ourense de su mano y al que insisto, habría que clonar, me contó que si me metía en una "caracocha" se pasaría cualquier mal que tuviera, sin saber que en Ourense los males se diluyen a cada paso que das... "

El valle del Arnoia, entre Maceda, Baños de Molgas y Allariz.

Moncho Borrajo

"La madre naturaleza, esa gran meiga, nos sorprendía en cada una de las estaciones del año cambiándose de ropa y de peinado para dejarnos jugar entre los pliegues de su ropa y sus cabellos de hojas, mientras nuestras madres lavaban en el río y tendían la ropa al sol, sobre un manto verde que acariciaba el río Arnoia.

Quisiera saber si alguno de ustedes es capaz de cerrar hoy los ojos y recordar con la claridad que yo recuerdo este lugar, alguno de los de su infancia. Seguramente si son de ciudad tendrán en su memoria un parque o como mucho el recuerdo de una excursión en la época del colegio, pero los que son como yo, de pueblo, tendremos miles de diapositivas que se fueron quedando en nuestras retinas en los largos paseos entre castaños y carballeiras.

Alguien pensará que esto es irrecuperable y posiblemente estén en lo cierto, pero, si se pasea un día cualquiera de una estación cualquiera por el valle del Arnoia entre Maceda, Baños de Molgas y Allariz y se pierden por cualquiera de las muchas "corredoiras" que allí existen podrán sentir todo aquello que yo sentí de niño y que he vuelto a comprobar y sentir en estos últimos tiempos en que mi corazón y mi memoria intentan instalarse en una estación de tren.

Si un día se deciden a hacerlo posiblemente me encuentren saliendo de mi fundación con sombrero y bastón para pasear y recuperar así una infancia feliz.

La Ansuíña: Maravilloso lugar en Baños de Molgas
Una de las cosas más importantes que tenemos las gentes de mi generación es haber compartido nuestra infancia con la naturaleza. Vivir en un pueblo o haber nacido en él implica algunas burlas de los niños de ciudad por nuestro acento gallego, pero, teníamos la gran ventaja de saber como se ordeñaba una vaca o como paría una cerda; sabíamos diferenciar claramente las estaciones del año y también conocíamos por nuestros mayores el arte de la pesca y soñábamos con ser mayores para practicar la caza.

El que escribe se bañó desnudo siendo niño, muchas veces con otros compañeros de mi misma edad en un idílico y maravilloso lugar llamado "La Ansuíña" hoy parque en Baños de Molgas y en aquellos tiempos lugar libre y sin acotar"

Allariz es también mi pueblo

Imanol Arias (Actor)

"Me crié en Ermua, Vizcaya, hasta los 19 años, un pueblo que recibió a miles de familias de Allariz; me crié pues con acentos ourensanos, esos potes gallegos que amo y una fascinación por las historias de las vacaciones de mis amigos cuando en septiembre regresaban de Allariz.

Hace unos años volví a la Festa do Boi. El pueblo que en un tiempo mandó a sus hijos por el mundo a ganarse los "cachelos", era un bello reflejo de la pujanza de su regreso. Me sentí como antes en Ermua, en las verdes montañas del río Deba; Allariz es también mi pueblo. ¡Qué más puedo decir! "

Celanova, un lugar en el mundo.

Manuel Villanueva (Periodista)

"No se me asusten, no voy a hacer uso del tópico: "onde o mundo se chama Celanova". No, sin que ello quiera decir que voy a obviar sus vínculos literarios: Celanova me cautivó por eso, por ser la cuna de Curros, Celso Emilio o Ferrín; por su poesía y por su hospitalidad, y por esa Praza Maior, "donde da la vuelta el aire" y acaricia la fachada del Monasterio de San Salvador. Ante su monumentalidad es fácil imaginar cual fue su importancia e influencia in "illo tempore", cuando Celanova era, además un lugar en el mundo, San Rosendo y su poder gobernante.

El interior de San Salvador es espectacular, una apoteosis barroca de piedra y madera y si suena el órgano, el viajero se acerca a la solemnidad catedralicia de Compostela. No se debe abandonar San Salvador sin visitar sus claustros, ni la huerta del monasterio, donde se localiza una joya mozárabe: A Capela de S. Miguel. !Maravillosa!

Celanova me deslumbró además por el gusto restaurador del viejo burgo de Vilanova dos Infantes y por esa otra joya diminuta hecha poesía por Curros, a Virxe do Cristal: "Era unha pedriña pedra / tallada en fino cristal". Hasta aquí viajó el mismísimo Felipe IV en un acto de fe.

Me cautivó también Castromao, su yacimiento arqueológico y sus vistas impresionantes sobre el valle.

Pero lo que más me lleva a Celanova es el calor de los amigos que cada año recibo al amparo de a Virxe da Armada, que no vela armas, ni ostenta representación de milicia alguna; tan sólo remedia males de cabeza y a mí, la nostalgia septembrina de volver a ver a mis hermanos del alma.

Por todo esto pienso que Celanova es un lugar en el mundo, por esto y porque Galicia es el mundo y, Ourense es el mundo. ¡El mundo enteiro! "

Baixa Limia, Serra do Xurés

Alfonso S. Palomares (periodista)

"Al llegar allí, la naturaleza se desborda en desordenados saltos hacia las alturas y surgen, como milagros sobrenaturales, montes y sierras con nombres tan hermosos como Quinxo o cumbres como Nevosa o Pico de Fontel. El pasado verano, a lo largo de diez días intensos, recorrí en coche, a caballo y a pie toda la zona. A un recodo sucedía otro más hermoso y de pronto unos repechos llanos en donde se asientan pueblos entrañables como Entrimo, Lobios o Muíños con sus iglesias barrocas, neoclásicas o churriguerescas "

Javier Veiga (Actor)

"Dudo si podré glosar Ourense en media página. Todavía dudo de si podría gozar Ourense en media vida. Pero, siendo gallego, "un cruceiro en el camino, me enseñó que mi destino era dudar y dudar..."

De lo que no tengo duda alguna es de la sensación mágica que despiertan en mí las tierras de Ourense.

Ourense es para mí un amor tardío; es como aquella compañera de clase que estaba sentada al fondo, en una esquina del aula, y de la que apenas conocías el nombre. Hasta que un día, en la excursión de fin de curso, cruzas una mirada de esas que detienen el tiempo y (como dirían los poetas cursis), "sientes mariposas en el estómago" o, como diría mi amigo Antón Portela, "se te encoge el culo", y empiezas a amar a aquella desconocida, la amas con la rabia de no haber descubierto antes que la amabas, con la ansiedad del tiempo perdido.

Pues así descubrí yo, hace no mucho tiempo, Ourense. No fue un amor a primera vista, Ourense ya estaba ahí, en la esquina del aula, y yo lo había visto un millón de veces al pasar. Lo nuestro fue un amor a primera mirada. Me paré, me senté un instante a mirar, y sentí un amor enfermizo, lo que se conoce como la "fiebre del ouro", que no es otra cosa que el amor por Ourense en estado febril. Pero así fue; la primera vez que me detuve a mirar con calma esta Galicia ourensana, se paró el tiempo y se me encogió el culo. Eso es amor, quien lo probó, lo sabe. "

Antón Reixa (Productor audiovisual)

"Océano Ourense

Posiblemente sea yo el único individuo del planeta que es padre de una mujer de nombre Antela. Ella es la única mujer con ese nombre de laguna. Cuando nació, los del lugar decían que no era nombre de gente, sino de cosa. Cosa maravillosa, diría yo: la nostalgia de esa laguna desecada en el centro de A Limia pero de la que aún seguimos sintiendo la música de su fauna genuina, el tacto y aroma de su vegetación primigenia y presintiendo el aliento de las vacas que fueron las mejores nadadoras del mundo. Y es que tengo para mí que todo Ourense fue un océano, de ahí mi fantasía geológica cuando navego por la Ribeira Sacra entre los cañones graníticos del Sil. Se dice que en no sé qué glaciación, Galicia estuvo en la Antártida; pues Ourense fue un océano, digo yo, y de esos movimientos de tierra sólo queda el testimonio de nuestra melancolía de niebla.

Ahora sólo podemos navegar emocionalmente en los vinos del Ribeiro, de la Ribeira Sacra, de Valdeorras o de Monterrey. Ya hay líquido suficiente para varios océanos inteligentes.

Que me enrede la niebla en Allariz, en el espectro de la Laguna de Antela, en la ilustrada Celanova y Vilanova dos Infantes, en el urbanismo cosmopolita de la vieja Ribadavia, en las aguas calientes de Lobios y Entrimo.

Quisiese aprender a nadar todos los días en el inmenso coraje oceánico de las tierras y las gentes de Ourense. "

Las verdes tierras del Ribeiro

José Ribagorda (Periodista)

"Mi pasión por el vino me lleva habitualmente por la senda de viñedos y riberas. Es entre las vides y las bodegas donde encuentro con más facilidad ese sosiego que tanto uno busca y pocas veces encuentra. Una de las sensaciones más especiales la he tenido en la comarca orensana de Ribadavia, en la tierra de los emergentes vinos del Ribeiro.

Un caldo de origen monacal que allá por el siglo XII empezó a hacer las delicias de la corte española (el Rey Alfonso X El Sabio elogió siempre el "bon viño d´Ourens") y que llegó a exportarse a Flandes, Inglaterra, Irlanda, Bretaña e incluso Roma. Pasear por estas tierras bañadas por el Miño y de vegetación exuberante, es sumergirte en un espacio dominado por el silencio y la autenticidad.

Las viñas de treixadura, godello, torrontés o loureira saludan tu caminar absorto. De veranos muy calurosos y frescos inviernos, las tierras del Ribeiro te invitan, con gesto siempre galán, a descubrir los mil sabores que guardan en sus entrañas milenarias. "

Rascacielos y Palacios

José Luis Cuerda (director de cine)

"El Nueva York de La Mancha", según Azorín, era Albacete. Por la Casa de Legorburu, me imagino, edificio racionalista de seis pisos, con comercio de ferretería en los bajos y el primer ascensor de la ciudad, al que, por cierto, subió mi abuelo Julio una única vez sin que le quedaran ganas de repetir experiencia: "Nunca me ha gustado a mí el "ascensorio", dijo durante años recordando el hecho, mientras meneaba negativamente la cabeza.

Con no menos razones podría afirmarse que Carballiño es el "Nueva York del Arenteiro". Hasta le sobran rascacielos, diría yo.

Y ahí, a escasas leguas, es donde Carballiño, que puede ser utilizado como centro de operaciones, posee tesoros imprescindibles: innumerables rincones fluviales que uno lleva al cine siempre que puede, el Castro de San Cibrán de Lás, las iglesias románicas de Astureses, Moldes, Ourantes, Maside o Banga; los monasterios de Oseira y de San Clodio ... Y Pazos de Arenteiro, una joya. Aposento placentero de ricos traficantes del portentoso ribeiro, vino de tanto mérito, que hoy renace, sorprende y crea devotos fieles.

Al restaurado pazo de la todopoderosa Encomienda, acompañan en la amalgama del poblachón ilustre los de Cervela, Feixóo, Currelo, Tizón o Laxas, la preciosa casa del médico, la escuela… Preside todo la Parroquial de San Salvador y, ya en el Avia receptor, mantiene su arco airoso y pelado el Puente de la Cruz, donde un cura levantisco, caudillo carlista, resistiera al avance liberal a dentelladas. La bajada desde el pueblo hasta el Arenteiro saltador es uno de los paseos más felices que cabe propinarse. Los muros que quedan a la izquierda, alcanzadas las aguas, se trufan en algunos tramos de reliquias paleolíticas de un yacimiento vecino. Pazos, Carballiño, Paradela de Moldes, Cubilledo son, ahora, mi patria electa.

Y no es que yo me olvide del Albacete donde nací y viví hasta los quince años, ni quiero ni puedo hacerlo. ¡Pero es que se está tan bien aquí! "

Juan Antonio Corbalán (Deportista y cardiólogo)

"De repente aparece en el paisaje, como aparece en tu vida. Cuando Castilla, llana, quiere dejar de serlo, se abre a Ourense atravesando Las Portillas. Cuando Galicia se ofrece al resto de España nos dice adiós desde Ourense.

Un mundo mágico de emociones, de morriña, de pasar por ella yendo a todos los sitios. Tierra abierta, cerrada en sí misma. Tierra que roba un poco de nuestro corazón para quedarse para siempre en nosotros como un soplo de vida.

Anclada a la niebla del invierno, su misterio vive de espaldas al viento que desde arriba, desde las sierras, añora su serena dignidad de pequeña capital provincia, de pequeña provincia, por fortuna, a veces olvidada.

La niebla empapa con su misterio esa tierra, que se rebela con sus picachos sobre ella y que casi ha olvidado a la lluvia, que ahora fluye de sus entrañas en ríos, que sobrecogen, manantiales que se ofrecen y fuentes que coquetean con el verdor del musgo.

Pero el agua se enamora y, en su curso al mar, da lo mejor de ella a la tierra y se ofrece como erótica ofrenda al sol. Astro rey, con su fuego, permite el estallido de la vida, que convierte lo gris en realidad de color, con cada primavera. Orgulloso en su triunfo estival, discreto y sensible en el apacible otoño.

La tierra, el aire, el fuego, el agua. La vida. Sí, esa que merece la pena vivirse para que alguna vez Ourense aparezca ante nosotros.

Guiados por un silbido ancestral, grabado en nuestras mentes de niño, a través de toda España ¡Ourense siempre estará ante nosotros! "

Orense entre rejas.

Luis del Olmo (Periodista)

"Hay un detalle de mi biografía que me vincula a Ourense y que hasta ahora ha permanecido inédito: en Ourense conocí las frías estancias de un calabozo.

La anécdota transcurre a principios de los años 60, durante las fiestas de San Martiño, en pleno Magosto. Jugaba yo, por aquel entonces, al baloncesto y nos desplazábamos por distintas ciudades de las localidades próximas a mi tierra. El grupo de jóvenes de Ponferrada, que formábamos el equipo de baloncesto del Endesa, fuimos a Ourense a jugar un torneo con el equipo de la ciudad.

Dejamos Ponferrada y nos adentramos en las hermosas tierras gallegas, cual legionarios en busca de nuevas conquistas, siguiendo la Vía Nova. Nuestros rostros se asombraban al observar en las tierras de Valdeorras las huellas romanas todavía presentes, las explotaciones mineras y las magníficas bodegas o "covas" que conservan el excelente vino de Valdeorras.

Siguiendo por la sinuosa Vía, el recuerdo de los "cigurros", pobladores de estas tierras estaba latente. Allí se asentó, según nos contaba orgulloso un paisano, la VIII Mansio, "Forum Cigurrorum" con su hermoso puente, el núcleo más importante de la comarca.

Iniciamos la subida por los Codos de Larouco, donde la belleza paisajística es espectacular, con sus viñedos, pervivencia de la presencia romana, que seguimos viendo a lo largo de nuestro periplo.

Siempre había escuchado que Ourense es la tierra de los puentes y, desde luego, lo pude comprobar con mis propios ojos; atravesamos los puentes de las Tierras de Trives: Ponte Navea, Ponte Cabalar y Ponte Bibei. Todo el paraje nos hacía volver al pasado, a épocas de conquistas y batallas. Y llegamos a "Auria". En el Torneo no nos fue nada mal, ya que vencimos a los locales, y nos dimos a la celebración aprovechando el ambiente festivo. El equipo entero marchábamos por las calles ourensanas, cual tropas de Décimo Junio Bruto, festejando el éxito.

Las canciones, los bailes y el jolgorio iban en aumento, con tan mala suerte que montamos nuestra juerga bajo el balcón del Gobernador Civil. Nuestro repertorio no debió gustarle mucho, porque enseguida llegó la Guardia Civil. Ya saben mis contemporáneos que un cabo de la Guardia Civil, cuando se cuadraban ante ti, algún problema se avecinaba, como así fue: Toda la cuadrilla de la expedición ponferradina caminamos "derechitos" hacia el calabozo donde pasamos la noche. "

El calor de Ourense

Paolo Vasile Primer Premio "Ourense Mundo Enteiro "

"¡Vuelvo a Ourense! ¿Cuántos años hace que no vuelvo a Ourense? ¡Cuántos años sin poder contemplar con la mirada emocionada las viñas recién vendimiadas, los colores pálidos, "os socalcos" desiertos; los viñedos generosos ya han regalado los colores y la alegría al primer vino que viajó fuera de España, el Ribeiro!. ¡Vuelvo a Ourense!. Aquí todo transmite amistad y calidez, hospitalidad y orgullo de ser ourensanos; gente habituada a irse lejos, pero para volver. Gente que acoge al extranjero como mirándose al espejo, dedicándole evangélicamente la atención que le hubiera gustado que les dedicasen a ellos cuando estaban fuera de su tierra, tierra que se lleva siempre consigo sin ostentación, ni soberbia. ¡Vuelvo a Ourense, al perfume de las castañas en los magostos que se mezcla con el de la tierra buena, bañada por la lluvia y se confunde con el perfume estimulante de "as pulpeiras" que, en las calles y plazas de los pueblos, tientan a los paladares de los transeúntes de domingo con suculentos trozos de pulpo.

Mis amigos me llevan de la mano y con cariño irrenunciable, en el catamarán que recorre los paisajes casi irreales de los Cañones del Sil o el Parador de Santo Estevo, donde los componentes de la Real Banda de Gaitas, dispuestos en el claustro como cuadros, como estatuas de antiguos héroes, impregnan el aire de una música triste, solemne y a la vez llena de energía. Vehementes armonías, perfumes antiguos de la tierra, sabores eternos como el pan, el Pan de Cea, embajador de arte antiguo, humilde y orgulloso como los ourensanos.

Y como por magia me encuentro en las Tierras de A Baixa Limia, donde mis antepasados, romanos como yo, creyeron perder la memoria y luego descubrieron que Ourense se queda tan dentro que no se olvida nunca.

He vuelto a Ourense donde nunca había estado. He venido a Ourense por primera vez. Y descubrí que la tenía dentro, que Ourense no es solamente un lugar: es una dimensión una manera de vivir, una manera de ser, una manera de amar.

Intento rezar un avemaría de corrido con la mano debajo del agua incandescente de As Burgas: Pero no puedo, tengo que quitarla. Ni siquiera siendo como soy romano de Roma. ¡Ourense es Ourense!. "