Vilanova dos Infantes, Celanova. La villa medieval.

Constituye un interesantísimo conjunto urbano que se avista desde la N-540 en el camino desde Ourense tras una hermosa “carballeira” que tiene solar en la casa grande de Os Rivas. El nombre de Vilanova dos Infantes, que es la versión más comunmente aceptada, podría tratarse de la derivación de una leyenda sobre el nacimiento de […]

Constituye un interesantísimo conjunto urbano que se avista desde la N-540 en el camino desde Ourense tras una hermosa “carballeira” que tiene solar en la casa grande de Os Rivas.

El nombre de Vilanova dos Infantes, que es la versión más comunmente aceptada, podría tratarse de la derivación de una leyenda sobre el nacimiento de siete hermanas gemelas o más bien en el hecho puntual de la residencia de la madre y la hermana de San Rosendo, y de aquellas que de sangre real como ellas –la historia incluso habla de las hijas de Alfonso X-, pertenecieron al monasterio dúplice de Santa María de Vilanova, fundado hacia el año 940 por Ilduara para retirarse en su viudez, y al que pronto se uniría su hija Adosinda, hermana a su vez de San Rosendo. Este monasterio sería posteriormente anexionado a Celanova (es de suponer que como priorato masculino) y las monjas, incluidas las dos infantas reales, trasladadas a Allariz.

Algo alejado de la villa medieval, en el lugar de Santa María, su iglesia prerrománica, semejante a la capilla de San Miguel, fue derribada hacia 1880, siendo su piedra vendida en poco tiempo. Algunos elementos aún se conservan en diversas edificaciones de la zona, así como en el Museo Arqueológico Provincial. En este sentido hay que destacar la existencia de dos modillones con motivos mozárabes en una casa de O Cristal, situada al lado de la carretera N-540.

El otro elemento histórico que identifica a Vilanova dos Infantes, junto con su configuración urbana de estructura y probable origen castreño, es el castillo, del que conserva la torre del homenaje. Con una procedencia seguramente común con las demás fortalezas del siglo XII, perteneció durante mucho tiempo, y con él la villa, al monasterio de Celanova. En 1369 Enrique II se lo quitó a don Fernando de Castro para dárselo a Juan Rodríguez de Biedma. Hasta no hace mucho tiempo no se conocía la incidencia que había tenido en su integridad la revuelta Irmandiña, si bien, los últimos estudios arqueológicos sacaron a la luz lo que muy bien podría ser el basamento interior de la antigua torre, que modifica sustancialmente esta suposición. A mediados del siglo XVI contaba entre las principales fortalezas de Galicia. Por heredad de los Biedma pasó a la casa de Monterrey y entró en pleito con la familia Lemos. Hacia 1645 fue reformado para las luchas fronterizas hispano-portuguesas, que no llegaron a afectarle directamente. Después de la Desamortización de Mendizábal y hasta que en enero de 1927 fue agregado al de Celanova, el Ayuntamiento de Vilanova dos Infantes estuvo instalado en la torre, a lo que se debe en gran parte su conservación actual.
Actualmente el edificio acoge una exposición permanente sobre la historia, la geografía y la economía de la comarca.

La villa está constituida urbanísticamente por un caserío típico, en donde abundan los hórreos y las calles que conservan un claro carácter medieval. El elemento principal evidentemente es la torre del homenaje del antiguo castillo, aunque también resulta singular y a la vez enigmática, la existencia de una cueva conocida popularmente con el nombre de “San Vivián” y que recuerda las formas de un más que posible eremitorio posteriormente reutilizado con funciones de bodega.


La iglesia parroquial está formada por un barroco aceptable y conserva en su interior uno de los principales cristos medievales de la provincia. Quizás el de mayor valor artístico, que procede probablemente del antiguo monasterio de Santa María.

Los antiguos zapateros de Vilanova, junto con los de Allariz y Noia, gozaron de gran fama en Galicia, conservando de esta tradición una particular danza de origen medieval, que honra anualmente, el día 15 de septiembre, a la virgen del Cristal. En este sentido cabe recordar la veneración con la que cuenta esta virgen en toda la comarca, una virgen que se hizo especialmente conocida gracias al excelente poema que sobre la leyenda escribió el inolvidable poeta celanovés, Manuel Curros Enríquez.

TEXTOS: Concello de Celanova

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